Decía Alan Moore que no hay que darle al público lo que quiere, si no lo que necesita. Esa frase, que me parece tan acertada, se contrapone a la postura de entender al autor y al arte como instrumento al servicio de las masas por la que abogaba mi profesor de “Estética de la Modernidad” en la facultad. ¿En qué quedamos?

George Lucas entendió, tras el éxito de su tercera película como director y su primer gran éxito, que había que hacer lo segundo, y ese ha sido y será su gran error, ese gran “pero” que ponerle a una incontestable carrera llena de éxitos comerciales y en la que ha dejado una gran cantidad de iconos para la cultura popular por el camino. Eso es innegable, pero también ha dejado un montón de cadáveres en ese trayecto. Su voz personal es uno de ellos.

No he visto todavía el reciente Episodio VIII de la saga de Star Wars. A día de hoy (18 de diciembre de 2017) no puedo dar una opinión. No sé de qué va, no sé si la han cagado mucho o poco, no sé nada. He revisitado hace muy poco la anterior entrega y me siguió pareciendo aceptable, aunque llevado por ese concepto de “rima” en la que tanto insistió Lucas en sus películas (secuencias relacionadas en ritmo, estructura o composición para dejar una sensación de eterno retorno) dio lugar a una especie de reboot donde, desde mi opinión, precisamente las notas discordantes son los viejos personajes (esto mismo me pasaría con Blade Runner 2049). El año pasado fui al cine a ver Rogue One y me gustó porque básicamente no había casi ninguna mención a la fuerza, los Jedi y porque no había ninguna vieja gloria arrastrándose por los escenarios.

Disfruté mucho de la vieja trilogía cuando era un crío, como todos. Vi El Imperio Contraataca y El retorno del Jedi en modo maratón en casa de unos tíos y me volaron la cabeza. Literalmente me dejó en shock. Creo que tenía 6 o 7 años. Además, no había visto la primera (la vi bastante después) y no entendía nada, pero eso no importaba ante el espectáculo que desfilaba ante mis ojos. Además, durante mucho tiempo el verlas juntas hizo que no supiera distinguir una de otra. El impacto que tuvo todo ese derroche de fantasía es algo que conservo como un recuerdo muy especial. El problema es cuando ese recuerdo no te hace avanzar, cuando la nostalgia se convierte en inmovilismo. Y no hay nada más reaccionario que la nostalgia. Porque es injusta con el pasado, porque lo mitifica, y lo que es irónico, a veces la mitificación no beneficia para nada al mito. Esa obsesión por los seguidores de sentir lo que sintieron por primera vez al ver la película, la confortable nostalgia y de reencontrarte con lo que conoces como lo conoces es la gran losa de la saga. Anclarse al pasado, a no evolucionar, reconocer que ya no eres niño y nunca volverás a serlo. Eso hace que todo lo que ha forjado el Imperio Star Wars tenga una intención clara de fanservice, de servilismo.

Dicen que eso ha cambiado en esta nueva entrega y que precisamente eso es lo que ha cabreado a tantos fans. Eso reafirmaría lo que digo. Star Wars es prisionera de su fuente de éxito, de esa legión de seguidores acérrimos que han hecho ricos a sus creadores, que mantienen viva y vigente la franquicia pero que también no dudarán en descargar toda su ira y furia en el caso de que lo que se les ofrezca no coincida con lo que esperaban, cosa que suele suceder el 90% de las veces.

Las putas expectativas una vez más.

Los mismos fans que masacraron las precuelas (Episodios I,II y III) y que ahora las reivindican.

 

J.J Abrams lo entendió así y supongo que movido por el acojone puro que es enfrentarte a millones de talibanes que van a destrozar tu película si no les das lo que quieren, ofreció un Episodio VII donde la mano del autor fuera prácticamente invisible, convirtiendo a la saga en una banda tributo de sí misma. Abrams ofreció lo que todos querían y le llovieron hostias. Si hubiera ofrecido otra cosa también habrían llovido. Esta es la gracia de la dictadura del fandom. Dan ganas de coger a toda esa masa abstracta de discípulos de Jedi y gritarles a la cara: “¿Pero qué coño queréis?”. Y probablemente esta turba se encogería de hombros y miraría a otro lado. Un espectador no sabe lo que quiere hasta que lo tiene delante. Y es probable que no fuera lo que estaba buscando ni esperando, pero es lo que de repente toca las teclas adecuadas en su interior. Esa es la puta magia del cine.

Lucas también estuvo como un perro detrás de los coches en los episodios I, II y III. Palos de ciego, obsesión por contentar a nuevas y viejas generaciones de fans. ¿No queríais muñecos para decorar vuestras vitrinas? ¿No queríais más CGI? ¿No queríais ver a Yoda luchar? ¿Qué demonios os pasa?

Esa es la frustración de un creador que nunca está o estará a la altura de las expectativas porque el anterior disco era mejor y el primero sí que era bueno y no, resulta que lo mejor eran las maquetas aunque estaban grabadas como el culo. “Pero si he grabado lo mismo en un estudio de la hostia”. Ya, pero no es lo mismo.

A lo mejor es que nosotros no somos los mismos. Y a lo mejor el autor debería estar haciendo lo que le saliera de las narices.

Porque esto ya no solo va de naves y espadas láser. Esto va de hacer mucho dinero y de consolidar marcas para generar más dinero con la que hacer más… oh, ya sabes a qué me refiero. Ahora cualquier movimiento narrativo que se haga dentro de Star Wars es calculado al milímetro y con tanto estudio de mercado detrás que es inevitable que sepulte cualquier voz de autor. Es irónico porque algo que nació como una idea peregrina de un nerd al que decidieron dar un voto de confianza, se ha convertido en uno de los productos de entretenimiento más controlados por productores y ejecutivos. Pueden hacer movimientos arriesgados, pero siempre será con vista a expandir, engrandecer y afianzar nuevos campos a explorar, nuevos nichos. Esto va de seguir alimentando la ingente industria que ha generado Star Wars a lo largo del tiempo. No me extrañaría nada que un paso fuera el que la fuerza no se transmita por linaje, algo que ideológicamente entroncaría muy bien con la adquisición por parte de Disney de la franquicia. Ya no hace falta ser Lucas para hacer Star Wars.

La Guerra de las Galaxias, el Episodio IV, Una Nueva Esperanza, como coño la quieras llamar, es una película imperfecta, a veces muy torpe, pero también es un derroche de imaginación total y sobre todo, es una película auto-conclusiva, completamente cerrada. Nada hay en esa película que te haga pensar en que había un plan, que Lucas lo tenía todo en la cabeza, que la trilogía (luego incluso todavía se pegó más el vacile diciendo que tenía los tres primeros episodios en mente en aquella época también) estaba esbozada. No. Si ves esa película, no tiene ningún elemento que luego se desarrollaría en El Imperio Contraataca. Incluso lo de empezar con lo de “Episodio IV” imagino que sería para hacer formar, de manera abstracta, una historia más grande que no nos es mostrada, como si nosotros ya llegáramos a mitad de camino. Pero la realidad es que no hay ni el más ligero guiño, intención, gesto de que Darth Vader es padre de Luke y Leia, lo que además hace que ciertas secuencias se planteen ahora con un toque incestuoso. No hubo incesto porque Luke y Leia en esa película no son hermanos, ni Darth Vader es su padre. Este muere, o al menos desaparece, de manera un poco chapucera (o al menos es borrado del mapa) dentro del clímax, el considerado también mayor agujero en el guión de la película y de la saga. Pero bueno, los héroes triunfan, son recompensados, la Estrella de la Muerte ha sido destruida. Fin. No hay emperador, no hay Siths, no hay nada de eso, la mitología no va tan lejos. Es una sencilla narrativamente y aparatosa técnicamente película que recoge el mito del camino del héroe de una manera paradigmática. Intuyo que George Lucas nunca tuvo la energía ni fuerza de ir más allá de eso. Y no es poco.

Desde su inicio como casi plagio de “La Fortaleza Escondida” de Kurosawa hasta lo es ahora, parte del subconsciente colectivo de varias generaciones, piedra angular de la cultura Pop de los últimos 40 años Lucas escaló su propio Everest. Multitud de re-escrituras de guión, cambios dramáticos que fueron configurando la historia que todos conocemos y que de una versión a otra quedaba irreconocible. Esa película es sin duda una obra de autor, el propio camino del héroe de un cineasta que recicló todas sus influencias para hacer algo nuevo, un hito en la cultura de la remezcla 20 años antes de que Tarantino reivindicara las influencias, homenajes y directamente robar indiscriminadamente como una voz personal y una manera de hacer las cosas.

En Lucas estaba Flash Gordon, Buck Rogers, Kurosawa y la cultura japonesa, Metrópolis, Tolkien, toda la literatura pulp de los 40 y 50. Ese amasijo de influencias dio a luz una obra a todas luces personal. No volverá a brillar la voz propia de Lucas de esa manera nunca más, ni siquiera con la espléndida y mucho mejor cinematográficamente hablando continuación.

 

¿Y por qué? Porque en esa nueva esperanza, esa declaración total de intenciones que era el Episodio IV, no había ningún fandom al que contentar, ninguna legión de fans ansiosos de ver su obra y también de destrozarla si no entra dentro de sus inteligibles expectativas, sean cual sean. Esa es la clave. No había expectativas más allá de recuperar la inversión y no hundir la Fox por el camino.

Star Wars iba a ser un desastre, nadie tenía fe en ella. La muestra más clara de ello es que le dieron a George Lucas la licencia de merchandising, algo que ningún estudio de esta clase concebiría si oliera un taquillazo y mucho menos una franquicia, aunque entonces no existiera ese modelo todavía. ¿Quién iba a querer camisetas y juguetes de algo que claramente era una serie B venida a más? No era 2001 de Kubrick, no era una película seria, era un pasticho de fantasía futurista que demostró ser uno de los mayores errores de cálculo de una productora de la historia. Y que convirtió a Lucas en un hombre rico. Y poderoso. E independiente. No sólo fue un éxito muy lucrativo, si no que cambió para siempre la manera de concebir Blockbusters en Hollywood, algo en lo que incidieron sin piedad él mismo y su amigo Spielberg durante los 80 y 90.

Era obvio que ya que habían dado con la tecla del éxito, esto no podía dejarse como caso aislado, había que explorar esta rica mina, así que re-definieron totalmente los puntos de la primera película para asentar lo que sí ya tenía una vocación de saga, a pesar de girar siempre en torno al argumento simplista de luz/oscuridad/bien/mal.

Pero la mayor diferencia con respecto a la primera película es que esta ya no es una película de autor. Es más profesional, es más grande, es mejor, pero es menos personal. Esto queda claro ya no sólo porque Lucas abandona la dirección, posiblemente con el recuerdo del complicado rodaje anterior, sino porque el guión tampoco es ya 100 % suyo.  El papel de Lucas es totalmente controlador, pero ya no es la única fuente creativa, ahora ya se apoya en un equipo más amplio para expandir sus ideas. Y aquí es donde termina el Lucas creador y donde empieza el Lucas gestor de lo que sabe que es la gran mina de oro. Lucas ha encontrado petróleo.

El problema fue que para profundizar y expandir lo que fue la primera película, de crear esos tan famosos giros de guión, negaron y anularon al Episodio IV. Las incongruencias eran continuas y esto es algo que Lucas ha estado intentando enmendar desde entonces, creando una cohesión forzada que nunca hubo. En cada nueva versión doméstica o re-estreno hay elementos pulidos, manipulados o cambiados para crear una falsa coherencia. Por no hablar de la innecesarias escenas añadidas o el CGI metido a calzador simplemente para meter más bichos con un resultado completamente artificial y discordante. Estas incoherencias se agudizan en las precuelas, en las que cuanto más profundiza en lo que pasó antes del Episodio IV, más se alejan de él.

Se ha creado una devoción irracional (esto es una redundancia, no hay devoción sin irracionalidad) en una historia construida de manera ortopédica, sobre la marcha y de manera bastante chapucera. Todo en Star Wars está cogido con pinzas. Pero nos da igual, porque mola. Hay incongruencias por todas partes, pero como en cualquier buen culto, lo obviamos. Lucas alimentó ese beatismo porque le interesaba crear una generación que iba a tragar con cualquier mierda que le pusieran una pegatina de Star Wars. Star Wars es nuestro señor y su merchandising es su palabra. Los fans se tomaron demasiado en serio todo lo relacionado con la franquicia. Hablamos de una película que tuvo un especial navideño del que todavía los supervivientes se avergüenzan. Esa devoción fue lo que terminó de matar a esta saga. Ese corpus incorruptus que resulta que huele un poco raro.

Desde entonces, cada movimiento relacionado con Star Wars parece ir en dirección de contentar a un fandom que nunca va a estar contento con nada. Porque nunca nada va a estar a la altura de ver por primera vez esas películas con 7 años. Además de que cada fan lleva dentro un productor, guionista y director con la receta perfecta para que todo sea como debe ser. Porque ellos saben perfectamente cómo deben de hacerse las cosas aunque no sepan qué cosas hay que hacerse.

Se llegó al punto de hacer un documental llamado “El pueblo contra George Lucas” donde los fans descargaban su ira contra el creador. Nunca he visto una virulencia contra el autor de una obra por parte de sus propios seguidores. La indignación era total. ¿Dónde está la magia, George? ¿Por qué la has sustituido por un chroma verde? ¿Dónde están nuestros 7 años? ¿Por qué ya no nos sentimos igual que entonces? Creo que Lucas tiene la culpa de muchas cosas, pero es injusto culparle de otras.

La conclusión es que no sé qué camino hubiera seguido George Lucas si hubiera obviado a esa religión freak creada a su alrededor, una navaja de doble filo. Posiblemente hubiera sido menos exitoso. Posiblemente no hubiera llegado tan lejos. Pero igual sí sería más libre, más personal y su obra no hubiera sido engullida por su propio legado. A Star Wars le ha ocurrido lo que a ciertos grupos de rock que ya no saben lo que hacer en sus discos ni la manera de contentar a sus viejos fans ni tampoco como crear nuevos seguidores, pero que siguen llenando estadios (hola U2). Star Wars seguirá llenando salas de cine porque todos queremos un poco volver a tener 7 años y dejarnos sorprender por la luz y la magia. Y las nuevas generaciones porque empiezan a conectar con este universo muchas veces inculcado por la cabezonería de progenitores, como cuando te aficionas a escuchar discos de Yes porque eso le gustaba a tu padre. Tú al final quieres recuperar un cierto momento con tu padre, Yes es circunstancial. También habrá los que conecten con este universo con las nuevas películas, es lícito y natural, son pelis de acción y aventuras en entornos fantásticos y muy bien construidos, pero seguro que será por sus personajes nuevos y dinámicos y no por las viejas glorias del pasado. No les echéis en cara a los chavales de hoy en día que les guste más el malo de ahora que el de cuando erais pequeños.  A vosotros os jodía también que os echaran en cara que os gustaba más Darth Vader que Fu Manchú.

Pero la rueda seguirá girando. Se seguirá yendo a ver estas películas. Y los Spin offs. Aunque huela y mucho.

El perjudicado en todo esto es el próximo George Lucas. Seguro que hay algún escritor o escritora (o decenas) con un guión burbujeando en la cabeza, con una visión personal y poderosa que no podrá materializar sus ideas porque ninguna mega-corporación va a confiar en él/ella. Porque lo que antes era una voz de autor ahora es un tono de burofax y olor a reunión de ejecutivos, una obsesión por el box-office y férreo control en cada área.

 

Igual es que buscamos la magia donde ya no está.

mm

About Cocotte Minute

5 Comments

  • Raquel dice:

    Te secundo en todo lo que comentas. Yo vi las primeras películas siendo pequeña y me gustaron mucho, pero nunca fui una fan acérrima, como los que hay ahora que se disfrazan, se saben la vida de la princesa Leia mejor que la suya propia y hablan algún idioma inventado. No comprendo ese fanatismo, sinceramente. Y me da mucha pereza. A veces da miedo ir a ver una película de este tipo y opinar, porque siempre habrá alguien que quiera decirte que no tienes razón porque “ellos se lo saben todo”. Y buf, de nuevo, pereza.

    Hay que disfrutar más del cine tal cual y dejarse de historias.

    • mm Cocotte Minute dice:

      Es que ese es el rollo. A mi nada de eso me molesta (el rollo freak) hasta que empiezan a salir “repartecarnets” que son los únicos que disfrutan de estas cosas en su plenitud y que no tocan el suelo. Un freakismo que por cierto surgió con las precuelas y no antes. Antes ni siquiera lo llamábamos Star Wars y era un fenómeno bastante asimilado a nivel popular. Pero si hasta mi padre tiene la banda sonora original (la primera edición, por la que me darían un pastizal hoy) y no creo que haya nada más lejos de ser un fan que él. Son pelis para teens disfrutadas ahora por cuarentones que te juzgan tanto si te gusta como si no y que además se indignan si no tienen todo lo que ellos esperan. Es desesperante.

      Gracias por comentar!!

  • Zoom! dice:

    Aunque hay mucha crítica (y razonable además) a las reacciones excesivas de los fans, que a veces parecen verdaderos talibanes, creo que mucha gente se olvida de un detalle. Star Wars ya lleva siendo maltratada desde hace años; primero con aquellas famosas Special Editions que ha hecho que no se puedan ver las películas originales sin recurrir a la piratería, y después con las espantosas precuelas. Luego ha llegado Disney, y con ello, más destrozos a la imagen de Star Wars y saturación casi escandalosa de merchandising en los centros comerciales y jugueterías.
    Lo que quiero decir, es que se lleva tocando las narices de los fans ya desde los finales de los 90, antes de las películas nuevas de Disney y muchos de ellos ya están que se suben por las paredes. No recuerdo tanta bilis antes del estreno del Episodio I, quizás porque la gente estaba “virgen” entonces y no se esperaba lo que iba a ocurrir con la saga, a pesar de que las ediciones especiales ya daban algunas pistas no muy buenas.
    En fin, que el emperador seguro que se está riendo en su tumba del destino que les han dado a los héropes originales. Ni él lo habría hecho mejor!

    • mm Cocotte Minute dice:

      Estás ilustrando bastante bien lo que quería decir en el artículo. Tenéis la postura de fan de grupo musical que hizo lo mejor en una determinada época y a partir de ahí es imposible un margen de maniobra. Ofrecer lo mismo de siempre, mal, evolucionar a sitios no previstos, también mal. ¿Qué debería ser esta saga? ¿Por qué todo es maltrato, sacrilegio y rasgamiento de vestiduras? Hagan lo que hagan NUNCA estará a la altura de las expectativas y mi artículo va de que un autor debería de obviar el feedback positivo y negativo para hacer lo que crea que debe de hacer con su obra y seguir su voz personal. Mi artículo habla de que la Saga de Star Wars ha derivado hacia la dirección contraria, primero por un interés principalmente lucrativo y por otro porque nada de lo que hagan será válido, precisamente por la devoción irracional que despierta la saga. Es como si los fans de Bowie le hubieran echado en cara durante 30 años que ya no hace Ziggy Stardust. Es inconcebible porque un artista como él no hizo nunca esa cesión. Por supuesto, como digo en el artículo, Lucas es culpable de por un lado parchear continuamente su propia obra intentando buscar una cohesión que nunca tuvo. Eso es bastante chapucero. El crucificarlo por cada cosa que hiciera que no fuera la trilogía original también. Como digo, no hay margen de maniobra y eso es lo que hace que todo huela tanto. Como digo, si tanta frustración crean estas películas (que sólo son películas) posiblemente la magia haya que buscarla en otro lado en vez de estar tan obcecados en que las cosas ya no son como eran.

      • Zoom! dice:

        Pero es que yo no creo que el problema haya sido que no se le permitía experimentar a George Lucas. Ya que mencionas a Bowie, sería como si éste, tras un cambio en su estilo de hacer música, hubiera sacado 6 discos intragables. Me parece que es más una cuestión de tomar muy malas decisiones durante demasiado tiempo seguido; tanto que a la gente ya ha perdido toda confianza y se ha vuelto cínica.
        Yo personalmente no soy un fan talibán, de hecho, nunca me he leído una sola novela de Star Wars, no he tenido muñecos, nunca me he disfrazado de personajes de las películas, etc. Como digo en mi mensaje anterior, tampoco recuerdo tanto odio antes del estreno del Episodio I, y mucha gente teníamos confianza de que una nueva trilogía podía ser interesante. Claro, luego llegaron las películas y la ilusión se rompió: interpretaciones muy malas, abuso de efectos por ordenador, malos diálogos, carencia total de carisma en los nuevos personajes, decisiones de guión ridículas, cambios sin sentido en la trilogía original para que se adaptasen a las precuelas, y una largo etcétera que siguió prolongándose en las películas de Disney.
        En cuanto a Disney, vuelvo a conectar con lo que he dicho al principio; el problema no es que hayan fulminado a los héroes de la trilogía original y la gente se haya enfadado, el problema es que lo han hecho chapuceramente y sin ninguna delicadeza. Son cuestiones más de forma que de fondo, creo yo. La gente es mucho más tolerantge a los cambios de lo que parece, pero sólo si hay un buen trabajo (y sincero) detrás. Aunque siempre habrá fanáticos, por desgracia.
        Pero bueno, yo también pienso que al final tanta bilis no es buena para nadie y hay que permitir a los creadores libertad para expresarse como ellos crean. Al final, es casi para tomárselo con humor el hecho de que nadie parezca poder hacer nada interesante con la saga desde el Retorno del Jedi. Ahí hay un guión para la Loca Historia de las Galaxias 2 🙂

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